MomentoEterno
Los que conocimos a Abuelo Francisco sabemos que ese hombre no era normal. Con 92 años encima, el viejo se levantaba a las cinco de la mañana, se tomaba su café prieto sin azúcar — "pa' que el cuerpo despierte asustao," decía — y se iba a la finca a revisar los caballos como si tuviera veinte años. Su favorito siempre fue Relámpago, un bayo con más carácter que todos sus hijos juntos. Lo montó hasta los 85 años, y cuando los muchachos le decían que ya estaba muy viejo pa' eso, él decía: "Relámpago es el único que me entiende de verdad. Ustedes solo me entienden cuando les conviene."
Los domingos eran sagrados en la casa de Abuelo Francisco. A las diez de la mañana empezaban los torneos de dominós con los compadres, y a las once ya estaba perdiendo. Pero jamás en la vida lo oímos admitir una derrota. "Yo gané moralmente," decía, con una cara seria que duraba exactamente dos segundos antes de soltar la carcajada. Nunca supimos qué significaba eso de ganar moralmente, pero se lo compramos durante cuarenta años porque nadie podía discutir con ese hombre sin terminar riéndose.
Y el morir soñando, diache. El morir soñando de Abuelo Francisco era otra cosa. Famoso en toda Constanza, en todo La Vega, posiblemente en todo el Cibao. Le preguntamos mil veces la receta. MIL veces. Siempre decía lo mismo: "El secreto está en la mano, no en los ingredientes." Hemos intentado replicarlo con la misma leche, las mismas naranjas, el mismo azúcar. No es lo mismo. Nunca es lo mismo. Se llevó esa receta con él, el muy bandido.
Todas las noches a las seis en punto — podíamos cuadrar el reloj con ese hombre — se sentaba en su mecedora en la galería con su café con leche. Los nietos nos sentábamos en el piso, en las sillas, en los escalones, donde fuera que cupiéramos. Y él empezaba: "Eso me recuerda a cuando yo..." Cada noche era una aventura nueva, aunque jamás supimos cuáles eran verdad y cuáles se las inventaba en el momento. No importaba. Abuelo Francisco no contaba cuentos — él los vivía frente a nosotros, con las manos, con la voz, con esa risa que se oía desde la finca del vecino.
Se fue dormido, en su hamaca, después de su último dominós del domingo. Ganó esa partida. Y esta vez nadie le puede decir que fue moral, porque la ganó de verdad, con un capicu que dejó a los compadres con la boca abierta. Se fue como vivió: ganando, riendo, y dejando a todo el mundo con ganas de un cuento más. Abuelo, la galería sigue aquí, la mecedora sigue aquí, y nosotros seguimos aquí. Pero ya no es lo mismo sin tu voz.
Abuelo Francisco tenía un dicho para cada situación de la vida. Algunos los inventó él, otros los heredó de su padre, y unos cuantos los robó de los vecinos sin ningún remordimiento. Estos son los que más repetía:
"La vida es corta, pero la risa es eterna. Así que ríanse, carajo, que pa' llorar hay tiempo." — Lo decía cada vez que alguien se quejaba de algo. No importaba si era un dolor de muela o un ciclón. La respuesta siempre era la misma.
"La habichuela no se apura, ella sabe cuándo está lista." — Su respuesta a TODO el que tenía prisa. El hijo que quería irse de la finca, el nieto que quería crecer rápido, el compadre que quería terminar la partida de dominós temprano. Todos recibían la misma habichuela.
"Yo no pierdo en dominó. Lo que pasa es que a veces dejo ganar al otro pa' que no se sienta mal." — Después de cada derrota, sin excepción. Cuarenta años diciendo lo mismo. Los compadres ya ni discutían, solo le servían otro morir soñando.
"El caballo bueno se conoce en la subida, no en la bajada. Y el amigo bueno se conoce en la mala, no en la buena." — Se lo decía a sus hijos cuando tenían problemas. Y siempre acompañaba el dicho con un café, una mano en el hombro, y la solución que ya tenía pensada desde antes de que le contaran.
"Nueve hijos crié yo, y ninguno salió malo. Bueno, eso hay que agradecérselo a su madre, porque yo estaba en la finca." — Con una risa que se oía en toda la comarca. Doña Ramona siempre respondía: "Por lo menos en eso tienes razón." Y la galería entera se caía de la risa.
La Finca Los Reyes — su orgullo y legado de toda la vida
Esa sonrisa que iluminaba la galería todas las noches
Los caballos de la finca — su otra familia
Dominós del domingo — su campo de batalla favorito
Época de cosecha — habichuelas, yuca y plátano de la Finca Los Reyes
El Batallón Reyes reunido — como a él le gustaba
La galería y la mecedora — su trono de cuentos
Amanecer en Constanza — su vista favorita de toda la vida
Merengue típico — la banda sonora de cada fiesta en la finca
9 hijos, 28 nietos, 11 bisnietos — el verdadero tesoro de Don Francisco
Un brindis por Abuelo Francisco — 92 años de risas, cuentos y amor
Papá se cayó del caballo a los 80 y se levantó diciendo 'Ese caballo no me tumba dos veces.' Al otro día estaba montado otra vez. Así era el viejo: la vida le daba un golpe y él le daba dos de vuelta.
Pedro Reyes
· Hijo mayor65 años escuchando los mismos cuentos. Y ahora que no los oigo, los extraño más que nada en el mundo. Daría lo que fuera por oírlo decir una vez más: 'Ramona, ven a sentarte que te voy a contar algo.'
Doña Ramona Marte de Reyes
· Esposa, 88 añosFrancisco, te debemos 847 partidas según tu libreta. Según la nuestra, te ganamos 846. Discutiremos cuando nos veamos allá arriba. Guarda la mesa lista y pon el morir soñando a enfriar.
Los Compadres del Dominó
· Rivales de dominós por 40+ añosAlcaldía Municipal de Constanza
Gobierno municipal
El Ayuntamiento de Constanza se une al duelo de la familia Reyes Marte. Don Francisco fue ciudadano ejemplar, agricultor dedicado y pilar de nuestra comunidad por casi un siglo. Paz a su alma.
Dr. Manuel Pérez
Veterinario de la finca por 25 años
Una madrugada a las 3AM me llamó porque una yegua iba a parir. Cuando llegué, él ya había hecho todo solo. 'Doctor, lo llamé pa' que vea cómo se hace,' me dijo. Aprendí más de ese hombre que de la universidad.
Los 28 Nietos Reyes
Nietos
Abuelo, tú nos enseñaste que la vida se mide en cuentos, no en años. Nosotros tenemos 92 años de los mejores cuentos del mundo. Guarda los nuevos allá arriba pa' cuando lleguemos.
Compadre Tono
Amigo de infancia, 90 años
Francisco, nos conocemos desde que robábamos mangos juntos a los 8 años. 82 años de amistad. Ya casi llegó, guárdame un asiento. Y esta vez las fichas las barajo yo.
Finca Los Reyes
Carretera Constanza-Jarabacoa Km 5, La Vega, República Dominicana
Ropa cómoda y colores claros — como a él le gustaba
Abuelo Francisco siempre dijo que no quería llanto en su despedida, sino un buen sancocho, merengue típico y dominós. Honraremos su deseo. Habrá comida, música y muchos cuentos. Traigan sus mejores anécdotas de Don Francisco.